Anteriormente, la población con trastornos en la alimentación estaba conformada por chicas de nivel socioeconómico elevado; después descubrimos que se empezaron a presentar casos de bulimia junto con anorexia en el mismo grupo y, recientemente, se ha reportado dicha situación en individuos pertenecientes tanto al sexo femenino como masculino, con menor edad y en diferentes niveles socio económicos.
Los factores que llevan a la generación de tales alteraciones coinciden con fuerte cambio en la pubertad, es decir, la etapa de modificación brutal del cuerpo y de la imagen corporal, también resultado de todas las transformaciones físicas y hormonales; a esto se suma importante sensibilidad afectiva, junto con ciertos problemas de identidad (en el caso de las niñas) en un mundo definido y manejado por hombres, así como entorno social donde se da predominancia a la imagen extremadamente delgada.
Cabe indicar que cuando los jóvenes son independientes desde los 18 años de edad, la familia tiene un papel fundamental, pues culturalmente no es mal visto que el muchacho de 20 años siga al lado de sus padres y que cuando tenga problemas los comparta con ellos o sus parientes cercanos. En este sentido, para tratar los trastornos es preciso atender el área emocional, física, familiar, grupal y social. Al respecto, el continuo intercambio de conocimientos en esta especialidad ha conducido a interesantes avances que se reflejan en la mejor comprensión y utilización de técnicas terapéuticas orientadas a un sector de la población especialmente sensible. A su vez, tenga en mente que la interacción de los padres con los hijos, así como la responsabilidad de aportarles la satisfacción del apetito mediante dieta balanceada y cariño construyen la paren talidad, en tanto la deficiencia en su manejo puede acarrear riesgosos trastornos de conducta no sólo de tipo alimentario sino, incluso, adictivos.
Los factores que llevan a la generación de tales alteraciones coinciden con fuerte cambio en la pubertad, es decir, la etapa de modificación brutal del cuerpo y de la imagen corporal, también resultado de todas las transformaciones físicas y hormonales; a esto se suma importante sensibilidad afectiva, junto con ciertos problemas de identidad (en el caso de las niñas) en un mundo definido y manejado por hombres, así como entorno social donde se da predominancia a la imagen extremadamente delgada.
Cabe indicar que cuando los jóvenes son independientes desde los 18 años de edad, la familia tiene un papel fundamental, pues culturalmente no es mal visto que el muchacho de 20 años siga al lado de sus padres y que cuando tenga problemas los comparta con ellos o sus parientes cercanos. En este sentido, para tratar los trastornos es preciso atender el área emocional, física, familiar, grupal y social. Al respecto, el continuo intercambio de conocimientos en esta especialidad ha conducido a interesantes avances que se reflejan en la mejor comprensión y utilización de técnicas terapéuticas orientadas a un sector de la población especialmente sensible. A su vez, tenga en mente que la interacción de los padres con los hijos, así como la responsabilidad de aportarles la satisfacción del apetito mediante dieta balanceada y cariño construyen la paren talidad, en tanto la deficiencia en su manejo puede acarrear riesgosos trastornos de conducta no sólo de tipo alimentario sino, incluso, adictivos.
Carlos Mario Gomez
25 deEnero 2003

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